Anécdotas de una mascota en cuarentena. Por Elizabeth Bautista

CRÓNICA

Por Elizabeth Bautista

Anécdotas de una mascota en cuarentena

El sitio donde vivo es curioso y divertido, en todos lados hay muchas formas: cuadradas, circulares, triangulares, y … ¿ya dije cuadradas?, bueno, es que juego con todas ellas cada vez que puedo, aunque cuando Lucy se da cuenta de mis juegos, emite un ruido muy fuerte que me hace sentir mal, por alguna razón, y automáticamente agacho la cabeza y las orejas.

Cada cosa aquí tiene una función específica, por ejemplo, el rectángulo que emite luz y suena cuando Lucy lo abre, lo nombra computadora, pero yo prefiero llamarle “la cosa rectangular mediana que emite luz y suena”, porque al artefacto más grande le dice televisión, y al pequeñito, celular.

Lamento no presentarme con anterioridad. Lucy me puso por nombre Canuto, aunque también me dice “Mi amor chiquito, bebé precioso de mi vida” o “¡Deja eso!”, dependiendo de su estado de ánimo. Lucy es mi dueña, me adoptó cuando solo era un cachorrito y desde entonces vivo con ella; me quiere y me cuida, es una excelente humana y yo, como puedo, también la cuido.

Últimamente, las cosas en casa han estado muy extrañas. Hace días que Lucy no sale como lo hacía antes, pero adoro no tener que esperarla cada tarde para darle un abrazo y demostrarle mi cariño con un lengüetazo, ahora puedo hacerlo cuando quiera. Desde entonces ella está conmigo siempre.

Esta situación extraña empezó desde que otros humanos empezaron a hablar de un bicho con nombre raro que enferma a las personas, el COVID-19 o coronavirus; lo vimos en la televisión una vez que estábamos a punto de dormir, y desde ese momento Lucy no ha podido abandonar la casa como lo hacía antes, porque fue ese día cuando se inició una cuarentena que le impide socializar con la gente de la calle.

Este bicho, como prefiero llamarle, no es muy peligroso para las personas como Lucy, jóvenes. Según el humano inteligente que aparece al oscurecer en la televisión, este virus proveniente de Wuhan (China), es mortal para los mayores de 50 o 60 años y para quienes tienen bajas defensas, pero Lucy se ha estado cuidando mucho; además, ella prefiere quedarse en su casa y no ir a lugares llenos de gente como a los cines, parques de diversiones, bares, tiendas o plazas, los cuales ni siquiera abren, debido a la pandemia.

Afuera, todo se encuentra cerrado a excepción de los lugares donde venden alimentos humanos y croquetas. Solo salimos cuando necesito ir al baño o por comida, pero tristemente ya no vamos de paseo al parque para ver a otros perros, ni con sus otros amigos humanos, todo esto, para evitar que ella enferme.

De igual forma, me dijo que desde que inició la cuarentena, muchos humanos nos están abandonando, los reportes de mascotas abandonadas y el incremento de perros y gatos callejeros ha ido en aumento, especialmente en nuestro país, México, algo que es triste y preocupante.

¿La razón…? Existen personas desinformadas que creen que nosotros podríamos contagiarlos con el bicho (cuando realmente es al revés). Lucy me prometió que ella jamás haría eso, porque la única forma de que yo me contagie sería porque ella me lo transmitiera y para que eso no suceda, es que se está cuidando.

Este aislamiento ha afectado mucho a Lucy, en un sentido de salud emocional, ya que inclusive antes de que la pandemia se extendiera hasta nuestro país, ella se encontraba tomando terapia para controlar sus problemas alimenticios, de ansiedad, entre otros, y a partir de todo esto sus síntomas han empeorado.

La caja-televisión la mantiene muy entretenida, algunas veces se sienta en el sillón con comida y una cobija, y busca películas o series en Netflix que le recomiendan otros humanos; también suele ver videos en YouTube y sobre todo le gusta poner canales de televisión abierta para informarse de la situación por medio de los noticiarios.

Otra cosa curiosa que hace, como mujer aburrida, es acostarse sobre su cama grande, con un rectángulo pequeño en las manos al que llama libro y mueve sus páginas de un lado a otro mientras los mira detenidamente, analiza los puntos y líneas que hay sobre estas; particularmente no entiendo qué le ve de interesante, pero todos los días lo hace más o menos a la misma hora, cuando todo comienza a hacerse oscuro, antes de dormirnos.

Es cierto, antes no tenía tiempo suficiente para mantener la casa en orden, y ahora ocupa varias horas en limpiar a profundidad los baños, la cocina, la azotea, las habitaciones, las ventanas, absolutamente todo, incluso a ella misma. Con lo anterior, me refiero a sus nuevas rutinas de cuidado de la piel que ha encontrado en internet: hace tónicos y mascarillas con comida y bebidas, ¡con comida y bebidas!

Muchas veces me acuesto en la cosa cuadrada suavecita a la cual ella llama cama y la observo silenciosamente. Ahora nunca puedo predecirlo que va a hacer, algunas veces es una mujer muy aburrida porque se sienta frente a la computadora, y se la pasa haciendo ruidos con las manos sobre el artefacto ese o comienza a hablar con otros humanos atrapados en la computadora; ella lo llama “trabajo en línea” o “home office”. He notado que después de utilizar estos aparatos es cuando su ansiedad empeora, tal pareciera que aquellas personas y las cosas que tiene que hacer en tiempos determinados, son lo que más la afecta.

En esos momentos, cuando ella se encuentra ocupada trabajando para ganarse las croquetas del día, me aburro mucho y miro por la ventana. Antes pasaba mucha gente por la calle y las personas generaban mucho ruido, era divertido asustar a la gente con mis ladridos; pero ahora ya no veo a casi nadie, excepto a algunas personas necias que caminan en grupo como si el mundo no se encontrara en una pandemia mundial por el bicho ese.

A ellos les ladro con más ganas…

Esta crónica de Elizabeth Bautista fue una de las seleccionadas para conformar el libro Voces Aisladas. Almas unidas coeditado por AUNAM y Fotogrammas, de hecho es la que cierra la edición.

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