Crónica ¿imaginaria? de una pandemia bipolar. Por Rosa Brizuela

CRÓNICA

Por: Rosa Brizuela.

Crónica ¿imaginaria? de una pandemia bipolar

¿Cómo vamos a estar un mes encerrados? ¿Qué vamos a hacer? El horizonte comienza a pintarse de naranja cuando me llega este recuerdo del momento en que nos enteramos de la primera medida en nuestro país, intentando que nos tomara por sorpresa ante la inminente llegada de una pandemia, que no imaginábamos, ni conocíamos y menos dimensionábamos.

365 días después, pienso en todo aquello que nos ha dejado y en lo que se ha llevado este microbicho: en el tiempo que ha pasado, en lo que hemos aprendido… Las familias rotas y las ausencias es lo primero que llega a mi mente. No solo en aquellas ocasionadas por este virus del SARS-COV-2, sino en todas las que han perdido a alguien… En las que han sido incluidas en la estadística diaria, en los familiares de conocidos, en los compañeros de trabajo, en los vecinos y, por supuesto, en estos que te tocan y te mueven profundamente.

Mientras escucho a los muchos y deferentes pájaros cantar, observo esta azotea que se ha convertido en mi refugio y mi escondite. Hablar a solas y con el otro; caminar, jugar, leer, escribir, mirar… son algunas de las cosas de las que han sido testigo las nubes multiformes y coloreadas, los árboles agitados y esas paredes mudas.

Escapo del encierro que implican no solo esos muros, sino al que te confinan las computadoras o el teléfono, o el distanciamiento, o el miedo, o la precaución, o la responsabilidad (puedes llamarle como quieras), porque para ser (narrativamente) sincera, nunca he estado tan encerrada como debiera, ni tan libre como quisiera en estos 12 meses.

Frente a ese sol rojo que comienza a esconderse, me traslado al 23 de marzo del 2020, cuando la invitación a quedarte en casa empezó a ser vigente. El mismo día que comenzaba “una nueva aventura laboral” (que ha sido eso y más). Para todos, este tiempo ha servido para intentar acoplarte a una nueva dinámica, pero quizás nunca antes había sido tan extremo: trabajo en casa y trabajo en calle cada día; casi olvidando qué son los fines de semana. Asimismo, hemos tenido que obligarnos a reiterar de vez en vez que el comedor, la cama, el sillón, no son escritorio. Que la casa no es escuela. Que mi cuarto no es oficina. Que mi compu no es un estudio de grabación. Que mi cel no es restaurante ni cafetería aunque mi familia y mis amigos estén ahí, como atrapados también del otro lado de la pantalla. Mientras las hiervas crecen y los pájaros, mariposas y gusanos transitan libres y altaneros, como retándote en algún encuentro en sitios que ellos habían olvidado y que nosotros querremos recuperar.

Esto es la pandemia bipolar o bipolares somos nosotros, los que nos fuimos a casa tranquilos por la posibilidad que implicaba evitar traslados caóticos y acalorados a todos lados o aquellos que, sin darnos cuenta, cumplimos 8, 9 y 10 meses en una dinámica de locos sin ningún parecido con nuestra vida cotidiana de antes y tampoco parecida a lo (parece) viviremos en ese futuro cercano. Así pasó también, creo, con los “privilegiados” que pudieron vivir y trabajar en casa; muchos de ellos en la tranquilidad de la vida en solitario; o el equilibrio de la convivencia en pareja o el ajetreo de la vida con niños, las complicaciones y retos que implica cuidar de nuestros adultos mayores o el desgaste de ir y venir en calles como zombis. Podemos estar y coincidir en más de una de estas realidades e incluso, otras.

El sol se ha ocultado por completo. Los grillos han sustituido a los pájaros y las luces artificiales han comenzado a encenderse… como se ha encendido, comunitariamente, la esperanza de que “todo esto termine”, con las vacunas que torpe y lentamente llegan y se aplican paulatinamente, al tiempo que las calles se van pintando de morado de arriba abajo, con las jacarandas que brotan y caen.

No hemos terminado de aprender la vida en confinamiento, con distancia y quizás nunca lo hagamos, pero ahora tomamos la bandera (y obvio el cubre bocas), para reiniciar poco a poco una cotidianidad que tampoco imaginamos en marzo del 2020.

Luego de reflexionar sobre el tiempo libre extra (que no todos tuvimos); sobre el ejercicio que no hicimos; las cosas nuevas que no aprendimos; los hábitos y hobbies que no retomamos; las interrupciones que no cesaron; la incertidumbre que no ha terminado; los abrazos que no hemos dado; las lágrimas que no hemos guardado… se hace de noche. Sin luna y sin estrellas. Aun así existe la posibilidad de que el sol vuelva a salir y nos permita seguir acumulando pendientes, dudas, gustos, experiencias, momentos.

Así será: con todo y lo que hemos perdido y nunca regresará. Extrañando a los nuestros y pensando en los otros, sí, siempre hay una posibilidad de que todos esos contrastes se acaben y que todo vuelva a comenzar y sigue latente también la posibilidad (necesaria y urgente) de que algo hayamos aprendido.. Aún hay tiempo de voltear a ver al otro, de ver el sol brillar y recapitular….

Rosa Brizuela @RosaeBrizuela. Colaboradora de Fotogrammas.

Conductora, reportera y locutora. Egresada de la Fes Aragón: Universitaria. Curiosa de la cultura; me gusta preguntar; me dejo sorprender por lo que veo y me gusta compartirlo.

Actualmente formo parte del equipo de La UNAM Responde, un programa que ha dado seguimiento a la emergencia ocasionada por el virus del Sars-Cov-2; en este medio de comunicación universitario, he colaborado, en la conducción del programa Inventario, en transmisiones en vivo, coberturas y la coordinación de contenidos.

Como parte de mi formación he estado en otros canales de televisión y medios impresos que me han formado en el periodismo. Disfruto mirar la luna y la naturaleza.

2 comentarios en “Crónica ¿imaginaria? de una pandemia bipolar. Por Rosa Brizuela

  1. Rosa 🌹 eres una gran amiga te quiero mucho y extraño tanto esos días de presión, enojos , risas, estrés todo lo que día a día vivíamos en lugar llamado oficina pero que en realidad era nuestra casa nuestro hogar Como deseo volver ya a esos días de caos Y poder abrazar sentir el calor de una gran amistad te extraño y tu muy bien en tu escrito

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